La fama de los comisionistas

La palabra COMISIONISTA se suele asociar a la persona que cobra una comisión por intermediar.  Esto en algunos ámbitos ha tomado un cariz peyorativo, al considerarse que son personas que ganan dinero por “casi nada”, y que son fácilmente eludibles.  Yo en este punto no me voy a posicionar, pero lo que sí que quiero es ampliar el concepto de COMISIONISTA, por lo menos el que le damos en este blog.  El diccionario de la RAE la verdad es que aporta poca luz a este respecto:  “Persona que se emplea en desempeñar comisiones mercantiles.”  Tampoco ha aportado buena fama a esta palabra la cantidad de políticos que se han enriquecido ilícitamente a cambio de comisiones por la adjudicación de obras u otros favores, la llamada “cultura del pelotazo”.

Nosotros lo empleamos para toda persona que cobra una comisión por ejercer su trabajo, ya sea en el ámbito comercial o no.  Normalmente las comisiones van ligadas a la consecución de unos objetivos previamente fijados por el trabajo que se realiza, ya sea directa o indirectamente, y por tanto a la retribución variable.

En el tan anunciado cambio de modelo productivo que se pretende realizar en la actual crisis económica mundial, se está planteando como alternativa que todas las empresas asignen una parte variable de la nómina de sus trabajadores.  Esto nos convertiría a todos en comisionistas, de una u otra manera.

Algunas compañías ya funcionan de esta manera, si bien la parte de salario fijo y variable es diferente entre unas y otras, y también en función del puesto de trabajo que se desempeñe.  En los puestos más comerciales tiene mayor peso esta parte variable, y menos en los administrativos y de producción.  Los objetivos de muchos departamentos no pueden ser más que los mismos que los de la propia compañía, fábrica o división, y la responsabilidad de la consecución de los mismos se diluye más en ese caso.

A pesar de este problema con la asignación de responsabilidades en la consecución de estos objetivos, sí que tiene elementos positivos este modelo pues supone que el trabajador gana cuando lo hace la empresa, y no gana tanto cuando su empresa no va bien.  La carga salarial puede ser un poco menos gravosa precisamente cuanto la empresa se encuentra en una situación más delicada, contribuyendo en cierta medida a la supervivencia del empleo de los trabajadores y de la propia empresa en último término.

En estos escenarios la utilización de programas informáticos tipo SPM son muy eficaces para este propósito.  La sincronización con los programas de gestión de la empresa tipo ERP, o directamente los módulos de Recursos Humanos, los hacen idóneos para este tratamiento.

Comentarios

esta muy bien la nota, es interesante y me ayudo mucho.

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